El cáncer de vulva representa únicamente un 4-5% de los cánceres ginecológicos en España, pero su baja frecuencia no debe restarle importancia. La detección temprana es clave para mejorar el pronóstico.
En muchas ocasiones, el pudor o la confusión de los síntomas con patologías benignas retrasa la consulta. Por eso es fundamental conocer cómo se manifiesta, cuáles son sus factores de riesgo y qué pasos seguir ante cualquier sospecha.
¿Qué es el cáncer de vulva?
Se trata de un cáncer que se origina en los tejidos de la vulva, la parte externa de los genitales femeninos. Incluye los labios mayores y menores, el clítoris, el vestíbulo vulvar, el orificio uretral y las diferentes glándulas anexas.
El carcinoma de células escamosas es el tipo más frecuente (80-90% de los casos). Otras variantes menos habituales son el melanoma vulvar, la enfermedad de Paget extramamaria, los adenocarcinomas o los sarcomas.
Síntomas principales
Aunque cada paciente puede experimentar signos diferentes, los síntomas más habituales son:
- Prurito crónico que no cede con tratamientos habituales.
- Dolor o escozor persistente en la zona íntima.
- Lesiones vulvares en forma de bultos o masas.
- Sangrado o secreción anormal ajena a la menstruación.
- Cambios en el color, textura o grosor de la piel vulvar.
- Molestias al sentarse, caminar o mantener relaciones sexuales en estadios avanzados.
Toda lesión vulvar que no se resuelva en 2 a 4 semanas y no responda al tratamiento local debe evaluarse con una biopsia para descartar malignidad.
Principales factores de riesgo
Existen dos vías principales para el desarrollo del carcinoma de células escamosas:
- Vía relacionada con el Virus del Papiloma Humano (VPH): se estima que el 40-50% de los casos se asocian al VPH, especialmente en mujeres más jóvenes.
- Vía no relacionada con el VPH: suele aparecer en mujeres de mayor edad y se vincula a condiciones crónicas de la vulva como el liquen escleroso o la dermatitis crónica.
Otros factores a considerar son el tabaquismo, la edad avanzada, la inmunosupresión, la neoplasia intraepitelial vulvar y determinadas enfermedades dermatológicas crónicas.
3 pasos para un diagnóstico eficaz
Ante una lesión sospechosa seguimos un protocolo claro para confirmar el diagnóstico:
- Examen físico completo: inspección visual, palpación y, cuando es necesario, vulvoscopia.
- Biopsia: imprescindible para analizar cualquier lesión que despierte sospecha de malignidad.
- Estadificación (FIGO): si la biopsia confirma el cáncer, se realizan pruebas complementarias (como TAC) para conocer la extensión de la enfermedad.
Tratamiento y abordaje
La cirugía es la primera línea de tratamiento en estadios iniciales, buscando la escisión completa del tumor con márgenes libres de enfermedad. Si los márgenes son estrechos, puede indicarse radioterapia adyuvante.
En casos en los que la cirugía no es posible o la enfermedad es más extensa, se recurre a radioterapia o quimiorradioterapia. El tratamiento debe ser individualizado y realizado en centros especializados para optimizar los resultados.
La prevención y la revisión periódica son nuestras mejores aliadas. No ignores cambios persistentes en la vulva; consulta cuanto antes para un diagnóstico precoz.
En Clínica Belda insistimos en la importancia de las revisiones ginecológicas periódicas para detectar a tiempo esta y otras patologías. Un diagnóstico precoz marca la diferencia.