La duración de la menstruación es uno de los principales motivos de consulta en las visitas a ginecología, pues existen muchos mitos alrededor de este tema y lo cierto es que varía entre mujeres.
Ahora bien, es importante conocer qué dicen los datos para poder estimar qué es “normal” y cuándo debemos consultar con nuestro ginecólogo/a.
Duración de la menstruación según los datos científicos
Gracias a la Federación Internacional de Ginecología y Obstetricia (FIGO) y la Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia (SEGO) se pueden establecer unos parámetros considerados como estándar que consisten en:
- Duración del sangrado: de 2 a 7 días con una media de 4 a 5.
- Volumen del sangrado: oscila entre los 30 y 40 mililitros (entre 3 y 6 compresas/tampones diarios los días de mayor flujo).
- Duración del ciclo*: aproximadamente de 24 a 38 días.
*Se entiende por ciclo entre el primer día de una regla y el primer día de la siguiente.
Qué no se considera “normal”
Si se repiten los siguientes puntos, es importante hacer una revisión médica para descartar posibles complicaciones o problemas subyacentes:
- Sangrado abundante: surge por la necesidad de cambiar cada hora la compresa o el tampón, o incluso al manchar la ropa de cama.
- Duración prolongada: si de forma continua se superan los 8 días de duración.
- Sangrado escaso o muy breve: si de manera continuada es inferior a los 2 días de duración.
- Coágulos de gran tamaño: excediendo el tamaño de una moneda de 2 euros.
- Cambio repentino en el patrón: si tu regla siempre duraba 6 días y pasa de pronto a durar 10 (o viceversa).
- Síntomas de anemia o dolor severo: sensación de cansancio extremo, fuerte dolor, mareos…
¿Qué factores pueden alterar la regla?
Durante las varias décadas de duración de la menstruación, el cuerpo de la mujer pasa por distintas fases provocando cambios o alteraciones en la regla.
Por ejemplo, la adolescencia y la perimenopausia son momentos en los que la regla puede volverse irregular tanto en duración como en volumen.
Lo mismo sucede en función del estilo de vida de cada mujer, pues el estrés, el ejercicio físico o incluso los cambios bruscos de peso pueden interferir, así como el uso de determinados anticonceptivos hormonales.
Lo más importante es que cada mujer conozca cuál es su “patrón normal”, de esta forma podrá identificar cuándo visitar al ginecólogo/a para revisar por qué se están produciendo los desajustes o cambios.