La menopausia supone un momento crítico en la vida cardiovascular de la mujer. En esos años aparecen cambios metabólicos y vasculares que incrementan la probabilidad de enfermedad cardiovascular tanto a medio como a largo plazo. Esto se debe principalmente al descenso drástico de los estrógenos, hormonas protectoras por excelencia.
¿Por qué la menopausia influye en el riesgo cardiovascular?
La pérdida de la función ovárica y el descenso estrogénico que acompaña a la menopausia provocan cambios fisiológicos que afectan el metabolismo lipídico, la distribución de la grasa, la función endotelial y la presión arterial.
Me gustaría acompañar esto con varios datos que así lo avalan y refuerzan:
- Un estudio transversal realizado en España y publicado en la Revista Española de Cardiología (REC) mostró claramente los cambios en el perfil lipídico posmenopáusico, observándose así un incremento promedio del colesterol total y del colesterol LDL ("malo") en mujeres posmenopáusicas en comparación con las premenopáusicas.
- Por otro lado, la redistribución de la grasa en la menopausia. En términos generales, se pasa de un patrón ginoide (en caderas y muslos) a uno androide o visceral (en abdomen). Esta grasa es metabólicamente activa y contribuye a la resistencia a la insulina y al síndrome metabólico. En conclusión, tanto la hipertensión como la diabetes tipo 2 aumentan notablemente en la posmenopausia, elevando de forma exponencial el RCV o riesgo cardiovascular.
- El último de los datos viene dado por el Estudio Framingham (EE.UU.), pues demostró que la edad de la menopausia es un predictor independiente de RCV. Las mujeres con menopausia precoz (antes de los 40 años) o temprana (entre 40 y 45 años) presentan un riesgo significativamente mayor de enfermedad coronaria e ictus en el futuro.
Prevención y gestión del riesgo
Mientras que la menopausia no se puede evitar, el riesgo cardiovascular sí puede mitigarse de forma eficaz a través de diferentes formas.
Cambio de hábitos de vida
Aquí dejo otro dato, y es que el 80% de las enfermedades cardiovasculares prematuras son prevenibles con cambios en el estilo de vida. Por ejemplo, gracias a una dieta mediterránea, ejercicio regular (tanto aeróbico como de fuerza) y con un control de peso regular.
Terapia hormonal de la menopausia
Antes de comenzar este proceso, es imprescindible dejarlo en manos de tu ginecóloga.
La evidencia actual (avalada por sociedades científicas españolas) sugiere que este tipo de terapia es más segura y eficaz para la prevención de síntomas vasomotores y el RCV cuando se inicia en la "ventana de oportunidad", es decir, en mujeres menores de 60 años o que tienen menos de 10 años desde el inicio de la menopausia.
Control de factores de riesgo comunes
Es el caso de la tensión arterial, glucemia o lípidos. Es decir, realizar un control o chequeo anual es importante para conocer el estado de tu cuerpo.
En definitiva, como ginecóloga mi opinión es clara: la menopausia es el momento de intensificar, no relajar, tu atención a la salud cardiovascular. Un cribado de RCV y un plan de acción personalizado son clave para conocer tu estado actual y poder así actuar en consecuencia en consulta.