Los sofocos, también llamados bochornos o vasomotores, son el síntoma vasomotor (SVM) más frecuente en la transición a la menopausia y en los años posteriores, afectando a alrededor de 3 de cada 4 mujeres.
Aunque a menudo se trivializa, su impacto en la calidad de vida, el sueño y el rendimiento laboral es considerable. Por eso la importancia de conocer realmente lo que son, cómo y por qué se producen y de qué manera ayudar a reducirlos.
¿Qué es un sofoco?
Se entiende como una sensación súbita de calor intenso, generalmente en la parte superior del cuerpo (cara, cuello y pecho), acompañada de enrojecimiento y sudoración. A menudo terminan con una sensación de frío o escalofrío después de que el episodio tiene lugar.
Pueden durar desde unos pocos segundos hasta varios minutos, sucediendo tanto de día como de noche (adquiriendo el nombre de 'sudores nocturnos'). En cuanto a la frecuencia varía considerablemente: desde unos pocos episodios por semana hasta más de 20 al día en algunos casos - de acuerdo a la Harvard Medical School.
¿Por qué se producen?
La menopausia se caracteriza por una caída progresiva de los niveles de estrógenos debido al agotamiento folicular ovárico. Esta disminución tiene un impacto directo en lo que se conoce como el "centro regulador de la temperatura corporal" situado en el hipotálamo.
En condiciones normales, el hipotálamo mantiene la temperatura corporal central dentro de un rango muy estrecho. ¿Sube la temperatura? Sudamos. ¿Y si baja? Se activa el escalofrío.
En la menopausia, la deprivación estrogénica provoca una reducción drástica de esta zona termoneutral, por lo que el cuerpo se vuelve hipersensible a pequeñas elevaciones de la temperatura corporal central. Como respuesta, cualquier pequeño aumento de la temperatura activa una respuesta de disipación de calor desproporcionada, causando vasodilatación y sudoración.
Diversos neurotransmisores, especialmente la serotonina y la noradrenalina, intervienen en la modulación del centro termorregulador. Cambios en su actividad están implicados en la fisiopatología de los sofocos, explicando así por qué algunos tratamientos no hormonales pueden ser efectivos.
Consecuencias de los sofocos
- Interfieren en el sueño y en su calidad, provocando insomnio y desencadenando así fatiga diurna y deterioro cognitivo.
- Al mismo tiempo, afectan en la calidad de vida al interferir en la memoria, en la concentración, en las interacciones sociales, en la energía vital y esfera sexual…
- Aunque se necesitan más estudios, se han observado asociaciones entre sofocos intensos y mayor riesgo cardiovascular y pérdida ósea.
Para ayudar a reducirlos, es importante conocer qué factores pueden propiciar su aparición o aumento de frecuencia o gravedad, como el tabaquismo, un índice de masa corporal elevado, dietas picantes, consumo de alcohol o bebidas con cafeína, estrés emocional, ciertos medicamentos…
Cómo afrontarlos
Lo idóneo en estos casos es consultar con tu ginecólogo/a de confianza, no obstante estas son algunas de las terapias principales:
Terapia Hormonal de la Menopausia (THM)
Es la primera línea de tratamiento para mujeres con sofocos moderados a graves sin contraindicaciones (como antecedentes de cáncer de mama, enfermedad tromboembólica activa, etc.). Se utiliza la dosis mínima eficaz y por el tiempo más corto necesario para controlar los síntomas.
Los estrógenos (con progestágenos si la mujer conserva el útero) son capaces de reestablecer la zona termoneutral hipotalámica, reduciendo la frecuencia e intensidad de los sofocos hasta en un 75-90%.
Terapias no hormonales con evidencia sólida
Para mujeres con contraindicaciones para la THM o que prefieren una alternativa, existen opciones farmacológicas eficaces que actúan sobre los neurotransmisores.
Es el caso de la Paroxetina en dosis bajas, aprobada por la FDA reduciendo la frecuencia en un 50-60%; La Gabapentina, utilizada en sofocos nocturnos por su efecto sedante; La Oxibutinina está aprobada para vejiga hiperactiva, también inhibiendo la sudoración. Es una nueva opción con creciente evidencia para sofocos.
Cambios en el estilo de vida
Hablamos de evitar los desencadenantes, como he mencionado previamente: consumo de cafeína, alcohol, tabaco, dietas picantes… Al mismo tiempo, el ejercicio aeróbico puede ayudar a estabilizar la termorregulación y mejorar el sueño, así como las técnicas de relajación y respiración pues han mostrado ciertos beneficios al reducir la excitación del sistema nervioso simpático.
Es importante recordar que cada mujer es un mundo, tiene unas circunstancias y una sintomatología distinta, por lo que es primordial afrontar esta cuestión de manera individualizada.